Banda Sinfónica Nacional de Ciegos: ojos que no ven, corazones que sienten | FOAL

Banda Sinfónica Nacional de Ciegos: ojos que no ven, corazones que sienten

El concertino, Lulo Barrera, y el director, Rodrigo Javier González Jacob, hablan de la orquesta, única en el mundo, que festeja sus 70 años tocando.

Lunes, 30 Octubre, 2017 - 07:00
Hernán Firpo / CLARÍN / ARGENTINA Foto: Andrés DELIA

El tacto puede hasta prohibirse. El olfato está descompuesto por los desodorantes de ambiente. El sentido del gusto fue colonizado por la fiebre vitivinícola. Lulo Barrera no ve desde que nació, hace 75 años. No ve nada de nada pero tiene el oído de un gato. El maestro Rodrigo Javier González Jacob lo describe como alguien capaz de registrar tonos de sonido y ser dueño de una memoria funesiana.

Lulo está ahí escuchando: haciendo lo que mejor sabe hacer. Escucha apaciblemente sentado con la cara de soñador de lejanías que aprendimos de Borges. Lulo es el concertino de la Banda Sinfónica Nacional de Ciegos, única en el mundo. El maestro Jacob es el director invitado. 79 ciegos y un vidente.

Lulo Barrera está en la orquesta casi desde los inicios allá por 1947. Dice haber sido amigo del maestro Pascual Grisolía y es el único integrante de la actual formación que lo conoció. Grisolía fue el precursor del dictado de cursos en la Escuela de Instrumentos de Vientos para Ciegos y creó una banda sin antecedentes y ni secuelas.

Argentina lo hizo y casi nadie se enteró.

Grisolía, en el ambiente, tiene un apellido que viene pegado a la palabra “epopeya”. Se dedicó íntegramente a poner en contacto gente ciega que tuviera algún interés por la música. Los mantuvo ocho años ensayando antes de subirse por primera vez a un escenario. Ocho años de ensayo. Vale la pena repetir el dato. Los dos, director y ejecutante, hablan de Grisolía como de una leyenda que hizo un trabajo “titánico”. Cuentan que viajan de otro países para estudiar el fenómeno.

La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos se presenta el 27 de octubre a las 17 en el Museo de Arte decorativo, Av. del Libertador 1902, en un concierto excepcional en el marco de su 70° aniversario.

-¿El director tiene que ver o también podría ser ciego?

Jacob: Hasta donde sabemos no existen directores no videntes. En una banda de estas características tenés 80 músicos que tocan partes distintas y vos, como director, debés conocer todas las partes que componen la obra.

-¿Los pentagramas son en sistema Braille?

Jacob: ¡Claro! Se hace una traducción al Braille, pero el no vidente tiene que memorizar su parte sí o sí. No puede leer braille y ejecutar el instrumento al mismo tiempo. La partitura termina siendo una etapa de estudio.

-Pensaba en Stevie Wonder... ¿El músico ciego puede transmitir algo que un espectador promedio no alcance a percibir?

Jacob: Bueno, sí, hay una sensibilidad muy desarrollada. El ciego tiene un plus que consiste en que ante la falta de un sentido hay otros que se desarrollan de manera exponencial.

Lulo: Cuando uno escucha música, a veces cierra los ojos, ¿viste? Con esto quiero decir que la sensibilidad va por todos lados. Ese tipo que mencionás vos no hacía música: la vivía.

-¿Es común que los ciegos se dediquen a la música?

Jacob: En una época sí. Los ciegos poseen una memoria y un oído impresionantes. Pero además la música tiene propiedades terapéuticas para el no vidente.

-¡¿Ocho año ensayando hasta debutar...?!

Lulo: Ensayando, formando músicos. Mucha paciencia. Grisolía arrancó de cero y se dedicó exclusivamente a la banda. Eso puede dar una pauta de por qué no hay ejemplos de esta naturaleza en ningún otro lugar del mundo.

Jacob: Uno se imagina que va a escuchar una bandita de discapacitados y cuando se enfrenta a la experiencia no lo puede creer. Ellos están a un nivel digno de ser profesionales.

Lulo: Además, la comunidad ciega argentina encontró en la banda una posibilidad de realizarse en igualdad de condiciones con cualquier otro trabajador.

Jacob: Están homologados a la Sinfónica Nacional, con un estatuto, sueldos y todos los derechos. Es exactamente igual que cualquier otra persona del sistema, salvo que son ciegos.

-Vos como director y músico tenés un CV importante. ¿Qué beneficios o sacrificios tiene esta actividad?

Jacob: Beneficios. Es una experiencia demasiado única porque estás preparado para hacer lo que vas a hacer, pero debés agudizar otros mecanismos que no se necesitan en una orquesta tradicional. La comunicación habitual en una orquesta suele ser por gestos y rara vez involucra la palabra. Eso acá no aplica en absoluto. Tenemos que adaptarnos a lo que llamamos “gestos sonoros”. Hablo de un ruido sobre el atril, de chasquidos, de chistidos. Cada uno tiene su propio significado y sirve para dar un marco de seguridad.

-La batuta podría no estar presente...

Jacob: Como elemento visual bien podría no estar. Exacto.

-¿Barenboim podría dirigir esta banda?

Jacob: Jé, habría que traerlo y que pruebe.

Lulo: Cualquiera con una técnica sólida y desarrollada lo puede hacer…

Jacob: Sí, pero hay un período de transición en el que hay que aprender los códigos. Después, sí, el quehacer musical es igual con los mismos problemas de ritmo, de tempo, de afinación... En este caso y en ningún otro, la palabra, como te decía, es el medio de comunicación principal. Me refiero a que la cadencia de las oraciones inciden en el resultado de lo que se recibe después.

¿El elenco es estable?

Jacob: La banda se fundó hace 70 años. La modalidad tiene que ver con presentarse a una audición de idoneidad con el instrumento. Tocar determinados pasajes y ver qué dice una comisión artística que hace las veces de mesa examinadora. Hay músicos ciegos que no dan el nivel y pueden tener posibilidades a futuro.

¿Naciste ciego, Lulo?

Sí. Yo nací en Córdoba y a los 11 años nos vinimos con mi familia a Buenos Aires y conocí la banda de ciegos. Empecé a estudiar clarinete. El clarinete me atrapó y me permitió desarrollar una vocación y una real carrera como músico. A los 15 ya estaba en la banda. Un montón de tiempo llevo. Varias vidas.

Habrán cambiado muchos compañeros...

Lulo: Menos yo y dos más, todos. Y además tuve la inmensa fortuna de trabajar con el maestro Grisolía. El influyó en mi formación. Bajo su influencia aprendí prácticamente todo.

¿Ustedes son tan conocidos como merecen?

Lulo: No. Pero a lo mejor es porque esto está sucediendo en la Argentina... Todavía sigue habiendo grandes prejuicios con esta clase de cosas.

¿Por qué?

Lulo: Y... ni en el Ministerio de Cultura nos acepta del todo.

¿Qué hay de cierto en eso de que lo esencial es invisible a los ojos?

Lulo: Eso es así. Lo dijo Saint Exupéry.

Pero él veía...

Lulo: Lo esencial está en en cuore. Pero desde luego no vamos a desechar un sentido tan amplio y tan directo como la vista, ¿no? Igual yo me acostumbré a vivir con lo que tengo, no con lo que me falta.

¿Cuántos ciegos hay en la Argentina? ¿Existen estadísticas?

Lulo: Yo no las tengo.

¿La comunidad de los ciegos vota a alguien en particular?

Lulo: A mí me interesa la música y en mi profesión no hago política, pero quedate tranquilo que el ciego está muy bien informado para poder resolver su voto.

La Banda Sinfónica Nacional de Ciegos se presenta el 27 de octubre a las 17 en el Museo de Arte decorativo, Av. del Libertador 1902, en un concierto excepcional en el marco de su 70° aniversario.

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